Oaxaca, Oax.- A 18 meses de que concluya la gestión de Gabino Cué Monteagudo --en la víspera de unas elecciones intermedias que aún no despiertan el interés del electorado-- es lamentable que la percepción generalizada sobre el gobierno oaxaqueño sea la de un mandatario estatal al que se le diluye el poder entre los manos, mientras la mayoría de los oaxaqueños paga las consecuencias de sus desatinos.
Es inconcebible que, a estas alturas, aún se siga pensando en el bono democrático del 2010 como uno de los principales activos para conservar el poder, sin tomar en cuenta que la curva de aprendizaje se convirtió en un trampolín, pero hacia el fracaso.
Venido a menos y sin haber logrado consolidar la transición democrática, la administración del gobierno en turno, ahora tiene la disyuntiva de convertirse en un gobierno tirano o de meter la reversa, que al fin y al cabo también es un cambio.
El actual, es un régimen que agoniza por una severa crisis financiera que fue propiciada por la desmedida ambición de servidores públicos que durante los últimos años encontraron en el presupuesto un botín que sólo ha servido para unos cuantos.
Al gobierno de Gabino Cué se le olvidó que la rectoría del poder económico corresponde al Poder Ejecutivo y, en menos de cuatro años, terminó por triplicar la deuda pública, sin importarle que no haya obra pública y menos acciones de gobierno o indicadores que hablen de una recuperación de la economía interna.
Fabricar conflictos para después justificar inversiones millonarias es tan criminal como reportar, por un lado, el desabasto de medicamentos y, por el otro, dar a conocer que cientos de toneladas de medicamentos caducaron, sin que llegaran a los pacientes que durante meses exigieron servicios de farmacia.
Jugar con la democracia implica riesgos y el gobierno estatal ha impulsado, en los últimos días, un juego perverso que le permitirá azuzar a la ciudadanía a votar por los candidatos de los partidos coaligados que lo llevaron al poder.
Sin embargo, influir en el magisterio también podría revertirse y propiciar una confrontación entre ciudadanos y maestros, sobre todo porque estos últimos radicalizaron sus protestas a menos de una semana de las elecciones.
Al no existir alineación entre los intereses del gobierno estatal y federal, mientras los comicios son organizados por un ente federal, los oaxaqueños corren el riesgo de quedar en medio de una disputa en la que nadie saldrá ganando.
Es urgente que el gobierno de Gabino Cué, junto con las autoridades electorales, garantice que la jornada electoral transcurran sin incidentes, ya que cualquier derramamiento de sangre, tendría un costo político muy alto para Oaxaca.
Lo que es palpable para toda la sociedad, es que a Gabino Cué, la Gobernabilidad en Oaxaca se le está yendo de las manos ante la ambición desmedida de una Sección 22 que cada día exige más, pero también se vuelve más agresiva y violenta en la medida en que los gobiernos estatal y federal le cumplen todos sus caprichos.
¿La educación?, que se quede rezagada. Tanto para los profesores agremiados a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), como para los gobiernos estatal y federal, esa parte fundamental para Oaxaca, no les importa. Lo que importante, en el caso de la Sección 22, es demostrar el poderío para lograr más canonjías, y para las autoridades, lo fundamental es quedar bien políticamente con un monstruo de 82 mil cabezas y darle todo lo que pida, aún por encima de la educación de un millón 300 mil niños, niñas y jóvenes oaxaqueños.
¡Pobre Oaxaca!, ¿en manos de quien está?: ¿de un magisterio empoderado, violento e intransigente, o de un gobierno del que se espera más, pero mucho más…? y que solo vino a destapar las arcas de un estado que continúa en la pobreza a causa de ese círculo vicioso que ¿terminará algún día?
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